Con la llegada del buen tiempo y a punto de comenzar la primavera las piernas piden movimiento y la cabeza pide pedal, rueda y sufrimiento.
Como bien dice el dicho: "El burro es de donde pace y no de donde nace", así que como actualmente estoy paciendo en tierras campurrianas, me apetecía hacer algo por la zona y qué mejor que por uno de sus más bellos parajes: el embalse del Ebro.
Una semana de prolegómenos y a última hora con la vista puesta en el cielo ante las posibles adversidades metereológicas. Todo pintaba bien. El tiempo cuando llegamos a Reinosa era soleado, solo unas pequeñas nubes. En Reinosa estaba Lipe, componente del grupo Los Carabeos, que nos acompañaría por tierras cántabras y burgalesas durante la circular al embalse.
Sin duda alguna, no faltan los buenos momentos en estos encuentros y las anécdotas para contar y guardar. Como siempre, con buenas fotos en lugares emblemáticos. La novedad del día la presentaba Paco que se estrenaba en el mundo de las dos ruedas flacas con una reliquia. Aunque lo niegue, le pegan las dos ruedas delgadas tanto casi como las gordas.
La reliquia nos dió algún que otro problema, con varias bajadas de presión en la rueda trasera. Nada que no se puediera arregla in situ. Disfrutamos de un día estupendo en el que nos hizo sol, nos granizó con sol, cayeron algunos copos de nieve con sol, cosa increible, nos llovió en algún tramo y sufrimos un incesante viento en la bajada por Las hoces.
Ha sido la segunda vez que hacemos esta ruta, pero sin duda se convertirá en un clásico que habrá que repetir más pronto que tarde.




















